Lo que de verdad importa

¿Qué hacer cuando nada nos sale bien? ¿Cómo salir del atolladero cuando nuestra vida no nos gusta? ¿Qué es lo verdaderamente importante?

Mucha gente me pregunta cuestiones de esta índole, y aunque no soy psicóloga, siempre intento responder lo mejor que puedo. Casi siempre, en base a mi propia experiencia. La vida puede enseñarte mucho, si tienes el valor de mirarla a la cara.

Hubo un momento en que la mía parecía haberse ido, literalmente, al garete. En cuestión de poco menos de dos años me ocurrieron una serie de calamidades, todas insultantemente juntas. No entraré en detalles, pero hubo un poco de todo: fallecimiento de seres queridos, rupturas amorosas, despedidas de amigos que continuaron por otros caminos, mudanza y proceso de adaptación a una nueva ciudad y una nueva vida…

En definitiva, que no me recuperaba de una, y ya estaba la siguiente bofetada esperándome detrás de la esquina. Al final de todo esto, me quedé absolutamente descolocada. Sí, descolocada es la palabra. Tenía la sensación de que un tsunami se había llevado todo lo que había construido, todo lo que alguna vez había querido. Y anduve perdida, dando tumbos, una temporada. Hasta que decidí que tenía dos opciones: o estar triste eternamente, o salir adelante.

Pero siempre antes de una revolución hay una crisis. Y yo decidí salir adelante. Y me puse manos a la obra. Y a base de observar todo a mi alrededor, incluyéndome a mí misma, con espíritu crítico y analítico, puedo decir que es cierto que lo que no te mata te hace más fuerte. Y que puedes aprender. Y yo he aprendido muchas cosas, algunas de las más importantes, que comparto para vuestro uso y disfrute personal, son estas:

1-TODO PASA. Y TODO ACABA POR SUPERARSE. Sí, parece una frase muy de manual de autoayuda, pero es que es la jodida verdad. No importa lo difícil, duro, cuesta arriba, oscuro… que sea lo que estás viviendo. Tarde o temprano lo superarás, créeme. Mi consejo en esos momentos en que todo parece irse a pique es que seas valiente y te permitas sentir. Es la única forma de superarlo y, ya de paso, crecer. Cuando estamos contentos no pensamos ni por un instante en silenciar nuestra risa, ¿no? Pues con las emociones negativas, igual. Una emoción no desaparece por el mero hecho de intentar silenciarla. Barrer bajo la cama nunca ha sido buena idea. Si necesitas llorar, llora. Si lo que crees que te puede ayudar es romper un jarrón, adelante. Si piensas que eres más débil por buscar ayuda, que sepas que no es así. Las cosas nos hacen madurar si y sólo si transitamos a través de ellas; si las vivimos de puntillas todo habrá sido en vano, amén de que tardaremos muchísimo más en vencerlas.

2-LO BUENO, TAMBIÉN PASA. La vida es cíclica, dinámica. Últimamente cada vez se tiende a sobreproteger más y más a los niños, a encerrarlos en una burbuja de algodones y momentos bonitos; supongo que lo mismo habrán hecho nuestros padres conmigo y mis coetáneos. De ahí que tengamos esa marcada tendencia a no valorar las cosas buenas, a creer que siempre estaremos bien y que no podemos caer enfermos, a pensar que nuestra pareja o amigos nos querrán incondicionalmente sin hacer el menor esfuerzo, a que las cosas fluyan armoniosas en el trabajo o en nuestro entorno.
Y así, cuando todo se acaba, nos quedamos profundamente turbados y perdidos, sin saber qué hacer. Y digo cuando todo se acaba porque lo bueno también se acaba, por desgracia, la vida tiene tortas para todos, y por muy arriba que estemos, tarde o temprano nos tocará perder: perder amigos, perder parejas, perder trabajos, plantar cara a enfermedades, desgracias inesperadas, muertes…
Lo mejor que podemos hacer es reflexionar sobre todo lo bueno que tenemos, que, sin duda, es mucho. Y una vez que lo hayamos hecho consciente, valorarlo, cuidarlo y disfrutarlo todo lo que podamos, sin darlo por hecho. De esta forma, cuando lo perdamos, siempre nos quedará el consuelo de que lo hemos vivido intensamente. Y puede que este pequeño consuelo sea suficiente para, al menos, iniciar la dura tarea de empezar de nuevo.

3-NUNCA HAGAS NADA DE LO QUE NO ESTÉS PLENAMENTE CONVENCIDO: Especialmente si esto involucra sentimientos de terceros. La vida requiere de voluntad, desde el minuto 1 en que suena el despertador por la mañana hasta la misma hora de acostarnos porque ya es tarde aunque no tengamos sueño. Si no estás plenamente convencido de que lo que haces en cada momento lo haces por ti, porque verdaderamente crees en ello y de verdad quieres, en serio, es mejor que no lo hagas. En el momento en que sientes que algo es una obligación, fastidio, hastío… lo primero que va a ocurrir es que no lo vas a disfrutar. Lo segundo, que no va a salir todo lo bien que pudiera. Y lo tercero y más importante, que te vas a traicionar a ti mismo.
Mención aparte si esto involucra, como he dicho, sentimientos de terceros. Me explico con un par de ejemplos: Si no te apetece salir con tus amigos un día, no pasa nada. Es mejor que te quedes en casa, a que salgas con caras largas y lastrando al grupo en su diversión. Aunque a priori parezca que lo haces por no dejarles colgados, en realidad de esa forma estás más bien dando por culo. Otro caso, que por desgracia veo muy a menudo: Personas que se emparejan sin estar plenamente convencidas, sea por aburrimiento, comodidad, sexo asegurado, etc. La otra persona sí está enamorada. En serio, antes de hacer eso, tened una conversación larga y sincera con vosotros mismos, aclarad vuestras dudas, estad seguros de qué es lo que queréis antes de dar el paso. Y sólo entonces, obrad. El mundo, por desgracia, ya está bastante lleno de mierda. Es mejor quedar como señores/as. Como dice la famosa máxima deontológica médica, “primum non nocere” (lo primero es no hacer daño).

4-SÉ VALIENTE. No me cabe la menor duda de que aquello que se comenta sobre que, de lo que más te arrepientes al final de la vida es de las cosas que no hiciste, es cierto. Más que nada porque, a mis 28 años, a mí personalmente ya me ha dado tiempo de arrepentirme de muchas cosas que en su momento pude hacer y no hice por miedo, por pensar que no iba a estar a la altura, por vagancia…
Hasta que hace un par de años, tomé una firme determinación: Que el miedo a no estar a la altura, el miedo a hacer el ridículo, el miedo al miedo…jamás iba a volver a decidir por mí.
Desde entonces, he empezado a levantar pesas en el gimnasio (yo, que era la mítica niña que siempre “tenía la regla y le dolía la barriga” para no hacer Educación Física), he aprendido a cocinar (reíros, pero me parecía dificilísisisisimo), me he declarado sin ambages al chico del que me he enamorado, he subido montañas nevando, he empezado a escribir mi blog y mi novela, he terminado una carrera que pensé en abandonar cuando todo se veía tan gris, me he abierto de verdad a mis amigos sin miedo a mostrarme tal cual soy y he llegado a conocerme en profundidad a mí misma, tarea que parece sencilla pero que también requiere de valor para enfrentarte con toda la mierda que llevas dentro y limpiarla. Y algunas cosas me han salido bien, en otras he hecho el ridículo de cojones y en otras debo seguir trabajando. Pero una vez que aprendes que la mayoría de limitaciones nos vienen de dentro, puedes vencerlas y seguir caminando de acuerdo a todo aquello en lo que crees. Y no importa lo que salga mal. Si diste todo de ti y fuiste valiente, eso es lo único que cuenta. Ya aparecerán nuevas oportunidades. Lo importante es no llegar a viejos con miles de espinitas clavadas.

5-SONRÍE, COÑO. La mayoría de supuestos problemas cotidianos son menudencias a las que damos una importancia desmesurada y que, al final, se acaban solucionando. Hechos como pelearse por el puesto en la cola, sufrir por ganar más y más dinero, enfadarse porque tu amiga no ha podido quedar en un mes, vivir en un chalé enorme el cual no puedes disfrutar porque tienes que trabajar 20 horas al día para pagarlo, o preocuparse porque te has excedido en 100 calorías en tu dieta, son gilipolleces. Inclusive los exámenes de la facultad, o el MIR, el dichoso MIR. Porque tarde o temprano los aprobarás, siempre y cuando pongas medios para ello.
Cosas que de verdad importen, son 3, a saber: ser tu mejor amigo y psicólogo, la salud (tuya y de tus seres queridos) y la armonía con tu familia y amigos.

Lo demás, bagatelas y luchas inútiles. Saqueadores de la felicidad, que digo yo.

Un comentario sobre “Lo que de verdad importa

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  1. Suelo agradecer la enorme fortuna que disfruto cuando estoy bajo el agua templada de la ducha. Reflexiono sobre los lujos que la vida ofrece, el aroma del pan en el horno, el sabor de una manzana y la mujer que me acompaña. Un saludo.

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