Paradero desconocido

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—Tienes buena aptitud para esto. No me cabe la menor duda— dijo Kevin, mientras contemplaba complacido el metro ochenta, las redondeadas caderas, y el vientre liso de Leyre—. Pero has de saber una cosa: nuestra sucursal en España ya tiene todo el cupo cubierto. Si de verdad quieres trabajar en mi agencia de modelos, puedo ofrecerte un hueco para ti en Londres, o quizá en París.

—Tendría que hablarlo con mi familia. No sé cómo se van a tomar que me vaya así de repente— respondió Leyre, con un destello de ilusión en su mirada. El mundo de la moda era su sueño ya desde niña, cuando le robaba los zapatos y el maquillaje a su madre.

Kevin tamborileó los dedos en la mesa de su despacho, y apagó su colilla en un cenicero rebosante de ceniza. Una bocanada de humo se elevó en el aire de la sala.

—Eres mayor de edad. Yo no le daría demasiadas vueltas. Un sueño es un sueño. No te creas que hay demasiadas oportunidades como esta que te ofrezco. Además, acabas de terminar el instituto, ¿no es así?

Leyre se quedó pensativa unos instantes. Contempló las paredes, llenas de fotografías de chicas de escandalosa belleza. La luz que entraba por el ventanuco se reflejaba en la gomina de Kevin.

—Tienes razón. Lo hablaré con mis padres, y me iré.

—Buena chica— murmuró Kevin, y encendió otro cigarrillo.

***

—Inspector Gutiérrez, otra denuncia de chica desaparecida—informó Fernando a su jefe—. Llevamos ya 7, y todas son de un perfil parecido. Jóvenes, guapas, y con sueños de ser modelos. Desaparecen sin dejar rastro.

—Bufff. Otra vez. Me trae de cabeza este asunto. Lo peor de todo es que no tenemos ninguna pista a la que agarrarnos—suspiró el Inspector, con el ceño surcado de arrugas de preocupación. Cogió un bolígrafo entre sus gordos dedos, y se lo llevó a la boca. Miró a Fernando, como si no supiera qué más decir.

—He estado haciendo algunas pesquisas, y creo que he averiguado algo. Todas las muchachas desaparecidas habían contactado previamente con una supuesta agencia de modelos.

—Siga—ordenó el Inspector, con gesto de curiosidad.

—Lleva en nuestra ciudad unos seis meses, aproximadamente. Pero antes ha pasado por otras ciudades de Europa. Se instala unos meses en una ciudad, en la que desaparece un determinado número de chicas, y después la agencia vuela, se establece en otro sitio, con otro nombre. Su cabecilla se llama Kevin Ackerman. No sé si es su verdadera identidad, pero al parecer, es de nacionalidad irlandesa. Según he averiguado, tiene relaciones con grupos de trata de blancas, y le busca la Interpol.

—¡Magnífico trabajo, Fernando! El caso es suyo. Cuente con todos los medios que necesite. Y tráigame a ese hombre, Kevin Ackerman, o quien quiera que sea.

***

«DEJA DE ENTROMETERTE, O TE MATAREMOS»

Así rezaba la pintada en la acera frente a su casa, aparecida de repente. Fernando suspiró. Raro era el día en que no recibía amenazas desde que investigaba el caso “Model`s Paradise”. Un día habían sido las cuatro ruedas de su coche rajadas. Otro una carta con manchas que simulaban ser sangre, por debajo de su puerta. Hacía unas semanas, alguien había sido visto escudriñando a sus hijos en el patio del colegio. Paula, su esposa, le había pedido en varias ocasiones que abandonase el caso. «Esa gente es muy peligrosa, Fernando. Tengo miedo por ti, y por los niños». Pero él no quería desistir. Tenía a Kevin Ackerman prácticamente en sus manos.

***

Aquella mañana la noticia abrió todos los telediarios, y fue portada en varios periódicos nacionales e internacionales:

“Desarticulada una peligrosa organización internacional que secuestraba chicas y las trasladaba a países del sudeste asiático, donde eran obligadas a ejercer la prostitución. Uno de los cabecillas, Kevin Ackerman, ha sido detenido en España, donde tenía actualmente su base de operaciones. Irlanda, país de donde es originario este hombre, ha solicitado su extradición. Podría ser condenado a una pena de hasta 300 años de prisión. La mayoría de las chicas secuestradas han sido devueltas a sus países de origen. En nuestro país, todas han podido regresar junto a sus familias, salvo Leyre Gómez, de la que aún se desconoce su paradero…”

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Categorizadas como Historias

Por Lucía González Rodiño

Comparto reflexiones e historias que quizá no se deberían compartir. Fragmentos de locura que apaciguan minutos. Ecléctica, porque cualquier cosa es susceptible de ser transformada en palabras. Y de la nada, puedes aprender de todo.

1 Comentario

  1. Genial, Lucía. ¿Tienes pensado convertir el texto en un relato más largo en el que nos cuentes los pasos de la trama? Es un tema muy importante y siento curiosidad por ver qué futuro le has guardado a Fernando y a Leyre, así como todos los problemas a los que se han tenido que enfrentar entre las ventanas que nos abres para ver el desarrollo de la historia. ¡Un abrazo!

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